Máthema: reseña

Autor: Maricruz Díaz.

Título: Máthema.

Modalidad: Reseña.

Tópico: Matemáticas.

Palabras clave: Arte, historia de las matemáticas.

Institución de procedencia: Colegio Fray Luis de León.

Grado académico: preparatoria..


Cuenta la leyenda que existen cambios de ideas equivalentes en matemáticas y en arte. Estas ideas son el pretexto perfecto para combinar ambos campos. Máthema: El arte del conocimiento, está escrito por el Dr. Fausto Ongay, profesional de la geometría diferencial y de la física matemática, miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Ante un autor tan preparado es normal intimidarse, en especial si uno se considera poco talentoso en la materia. Yo hubiera salido corriendo de no ser porque el contenido lleva al lector de la mano y tranquiliza lo suficiente como para conservar la paciencia.

La obra tiene 9 capítulos, todos con títulos artísticos. En ellos se abarca desde el origen de las matemáticas hasta su impacto, profundizando de vez en cuando con un breve pero suficiente contexto histórico, y hasta con alguna pequeña pero curiosa demostración. Aunque al principio no deseaba toparme con demostraciones (pueden ser algo complejo, tardado e incluso amenazante), no me costó mucho notar la razón por la que se incluyen en el texto: permiten un conocimiento que se obtiene sólo mediante la acción. Gracias a ellas grandes matemáticos pudieron concebir ciertas ideas, y es mediante algunas que se desarrolla el libro.

Siguiendo el rastro de estos conceptos, muchos de ellos inspirados en valores estéticos, el primer capítulo presenta brevemente la influencia de las matemáticas en el desarrollo de las ciencias. La importancia de ella se debe en gran medida al valor formativo que aquellas procuran a quien las practica; una destreza que requiere, como en todas las artes, cierta habilidad y conocimiento. Como ejemplo se pone el papel de la simetría en los avances de la física, en la idea de invariancia o la de conservación. Asimismo, se explica la importancia de otros conceptos, y como se muestra a continuación, el surgimiento de uno.

En el capítulo segundo hay una pequeña historia que narra cómo se pudo haber concebido la idea de número, concepción que representa una de las primeras relaciones del hombre con las matemáticas. Algunas versiones indican que esta concepción coincide con el comienzo civilizaciones como Sumeria o Mesopotamia, incluso antes, con el hombre primitivo. El autor embona éstas teorías con las que sugieren que el arte empieza cuando se crea para representar o expresar. Muestra que éstos son los motivos por los que algún hombre primitivo habría querido tallar información numérica un hueso, resultado de haber descubierto un objeto digno de contemplación y estudio.

Puesto que el hombre tiende a enlazar conceptos con otros, el capítulo tercero sugiere que la relación entre problemas metafísicos (pongo de ejemplo la inmortalidad del alma, la existencia de dios y la naturaleza como totalidad) y los números pudo haber posibilitado conceptos como el de infinito, la idea de un universo ideal y objetos ideales. Sea ésa la procedencia o no, se habla de cómo esas nociones son las que permitieron evidenciar la existencia de problemas sin solución; entre ellos, hallar la cuadratura del círculo como una construcción realizable con regla y compás.

Incluso contribuyeron a precisar ideas estrechamente relacionadas con la pintura: perspectiva, línea de fuga, horizonte, etc.; además de otras como límite y conjunto infinito. Se señala que estas repercusiones del concepto van siempre ligadas a las relaciones que se hacen con su contenido. Una vez que se mencionó la capacidad de corresponder representaciones con objetos, se dio un salto a lo increíble: a la facultad de modificar el contenido del concepto. Conocer la evolución del contenido es indispensable para explicar satisfactoriamente logros importantes en física, arquitectura, astronomía y otras disciplinas. Pero enterarse de las formas de representar esas ideas no lo es menos, pues el autor no se olvida de eso y continúa este asunto en el capítulo cuarto, del que se habla a continuación.

Dentro de la analogía con el arte, el progreso de esas representaciones se evidencia con el paso del realismo al impresionismo mediante el método de exhausión, y también con el que se da al surrealismo con la topología. Así se descubren problemas contraintuitivos, como el axioma aristotélico que postula que el todo es mayor que las partes, lo cual no es necesariamente verdadero. De esta manera se pone a prueba la relación razón-intuición, que el autor profundiza más adelante.

Se describe también cómo una pequeña modificación en uno de los postulados de un sistema puede ser el origen de otro. Tal es el caso de la geometría elíptica y la hiperbólica, que surgen de la geometría euclidiana. Considerar esas sutilezas es parte del valor formativo de esta ciencia. En el capítulo quinto se explora una aplicación de esta destreza matemática: analizar un juego y procurar la mejor estrategia para ganarlo. Con otra historia se narra cómo es que de la especulación se originó la estadística y la probabilidad: enfrentándola de una manera estructurada. De ese modo nace la matemática financiera, y otras ramas que tratan de encontrar exactitud dentro de lo inexacto.

Tras un problema que al principio parece no ser probabilístico y presentar qué es una estrategia óptima de juego, se hace una breve referencia a la teoría del caos, donde los procesos son sensibilísimos a variaciones de las condiciones iniciales, y al fractal, concepto que explica el comportamiento de muchos fenómenos en la naturaleza. Habría sido estupendo que estas dos últimas teorías hubieran tenido un mayor desarrollo, ya que todo el capítulo parece estar tratando llegar a ellas, y me parece que el esfuerzo debió haber sido empleado para alcanzar algo más extenso.

El siguiente capítulo parece tener más tecnicismos que en los otros. Se presentan dos cosas: la característica de Euler, definiendo un grupo de tetraedros, y una demostración de que sólo existen cinco poliedros simples y regulares, ambas ejemplifican la teoría de grupos y su papel en el estudio de objetos geométricos.

El capítulo séptimo es sin dudas de los más fascinantes. Se comienza con una descripción etimológica del álgebra, rama de origen oriental, y se da un ejemplo de cómo un escribano de hace tres mil años expresó una ecuación. Después de una triste mención de la destrucción de la Biblioteca de Alejandría, ejecución de científicos, y demás condenas ejecutadas por la Iglesia Cristiana, se muestran mecanismos que permiten resolver simultáneamente una clase de ecuaciones. Estas fórmulas motivaron la ampliación del concepto de número para que permitiera imaginarios, negativos e irracionales. Se explica la parte imaginaria de los números y los pares ordenados. Es gracias a las características de estos sistemas que surge el interés de estudiarlos, y así surge una de las ramas matemáticas más épicas.

Se cuenta cómo las estructuras algebraicas empezaron a entenderse como propiedades, y cómo la ambición se hizo mucho mayor: sistematizar todas las matemáticas. Para explicar este proceso de fundamentación, que es la teoría de conjuntos, se menciona el monumental esfuerzo de superar la paradoja de Russell: el Principia Mathematica. Surge la escuela intuicionista, la formalista, el problema contraintuitivo del chícharo y el sol, la lógica de primer orden, y otros resultados de enunciar principios matemáticos fundamentales. El autor describe clara y sencillamente las propiedades de consistencia y completez, el axioma de elección, los teoremas de incompletitud de Gödel, y otros asuntos que perturban a lógicos y a matemáticos.

En el penúltimo capítulo se refiere al pensamiento estructurado como la guía por el mundo inteligible de Platón. ¿Será que lo único existente es nuestro pensamiento abstracto? ¿Cómo juegan las matemáticas en mecánica cuántica, relatividad, y electromagnetismo? ¿Qué disciplinas son matematizables, cuáles no y por qué? Son algunas de las preguntas de esta sección, no resueltas desde luego.

Finalmente, se habla de los principios teóricos de la computación, el debate de si una computadora puede pensar y no sólo simular hacerlo, y decidir si nuestro cerebro trabaja sólo algorítmicamente, como un ordenador cualquiera. En la última oración del libro se esconde una preciosa idea un tanto epistemológica:

“Y la musa nos da una posibilidad de conocer mejor infinidad de cosas, nosotros mismos incluidos…”.

Si bien al principio del libro ya se dice que las matemáticas, además de conocimiento, son molde, forma, lenguaje y método para él, el final del libro cuaja la idea de que no representan la realidad y verdad misma, sino nuestra realidad y verdad misma.

El libro no sólo es una analogía de las matemáticas con el arte, también una excelente obra de divulgación. Yo lo describo como una brevísima historia del pensamiento estructurado acompañada de problemas matemáticos. Aunque casi siempre densa (para un lector inexperto como yo), es una exposición bastante agradable de los temas que trata. Un factor crucial para perder el miedo al libro fue saber que el autor se tomó el tiempo para ilustrar él mismo varios de sus pasajes. Su consideración es digna de reconocimiento, pero también los resultados (tanto en el papel como en el lector). Detalles como ésos hacen recordar el hecho de que el autor también es humano, y que de alguna manera lo que se narra no es cosa del otro mundo.

Para que la lectura sea realmente provechosa, el lector debe ser muy persistente, atento, y sobre todo curioso. Estas cualidades por sí mismas motivarán a investigar a la par que se lee, y harán de la experiencia algo mucho más satisfactorio. Me llevo un muy buen sabor de boca, que me hizo olvidar bastante ese horrendo sabor de miedo a las matemáticas, que llevo toda la vida queriéndome quitar. Mis más profundos agradecimientos al autor.


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